«El 11 de febrero de 1963, en Primrose Hill (Londres) una mujer encierra a sus dos hijos dormidos en una habitación con un poco de pan y un vaso de leche para el desayuno del día siguiente. Cubre las rendijas de la puerta con toallas, abre la llave del gas del horno y mete su cabeza dentro. Primero caerá inconsciente, poco después morirá».

Artículo completo en Principia Magazine.